lunes, 16 de noviembre de 2015

COLDER: ELOGIO DE LA LOCURA

Colder. Guión: Paul Tobin. Arte: Juan Ferreyra. Asistencia en el color: Eduardo Ferreyra, Laura Binaghi y Michelle Ferreyra. Portada: Juan Ferreyra. Traductores: Juan Ferreya, Diego Cortés (No acreditados). 152 páginas a color. Llanto de Mudo Ediciones. ISBN: 978-987-1883-93-6. Argentina, julio de 2014. 
Colder Nº 1 a 5. Guión: Paul Tobin. Arte: Juan Ferreyra. Asistencia en el color: Eduardo Ferreyra, Laura Binaghi y Michelle Ferreyra. Portada: Juan Ferreyra. Editor: Scott Allie. 32 páginas a color. Dark Horse. ISSN: 7-61568-17260-7. EE.UU., noviembre de 2012 a marzo de 2013. 

El adentro y el afuera. Lo natural y lo sobrenatural. Los pensamientos y los actos instintivos. La verdad y la alucinación. La realidad y su representación. El control y el caos. La locura y la sanidad mental. Lo bueno es que, antes de quedarse en el choque de estos opuestos, Colder avanza sobre los efectos de la necesaria complementación entre los extremos.


Edición argentina de la homónima miniserie de 5 números que Dark Horse publicó en los EE.UU. entre noviembre de 2012 y marzo de 2013, la historieta de Paul Tobin y Juan Ferreyra derrama desde el alucinado núcleo de la insania hasta las periferias de la razón más (o menos) estructurada. Descenso a los infiernos neurocientíficos de las desviadas conductas humanas, amalgama terror y romanticismo, apuntes psicológicos y argumentales premisas fantásticas. Y lo hace valiéndose de climas claustrofóbicos que exacerban la violencia y el aislamiento que caracterizan la vida en cualquier gran ciudad, ese grado de alienación colectiva que invisibiliza lo que pasa a nuestro alrededor. O le da formas monstruosas que parecen la amplificación de puntuales miedos y pesadillas ancestrales.


¿Es la locura una cuestión de perspectiva? Entiendo que Colder entiende que sí. Sobre todo porque no la muestra como un estadío absoluto y permanente, sino como la expresión desinhibida de una conducta perturbada, incapaz de mensurar las consecuencias de aquello que ha puesto en movimiento. Se trate de Declan Thomas, ex internado de un manicomio incendiado, con el poder de meterse dentro de la mente de un loco para curarlo; o de Nimble Jack, histriónico demonio que se alimenta (literalmente) de la locura que portan esos enfermos. Obviamente, los intereses de estos protagonistas antagónicos colisionarán de manera violenta; y el cómic deberá tomar partido por uno de ellos antes de que la temperatura corporal de Declan baje a cero. 


Gran parte del atractivo de Colder, es justo decirlo, descansa en el apartado gráfico. La narrativa de Ferreyra es apabullante a la hora de desarrollar su propia iconografía del miedo; y los recursos con que cuenta para poner en imágenes las distintas emociones que transita el cómic, son tan efectivos como dinámicos, tan bellos como perturbadores. Ahora sólo nos queda esperar que Llanto de Mudo traduzca las otras dos sagas de esta trilogía, antes de que el síndrome de abstinencia termine por volvernos locos. 
Fernando Ariel García





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