miércoles, 2 de octubre de 2013

MUNDO NERD

20.000 besos. Director: Sebastián De Caro. Protagonistas: Walter Cornás, Carla Quevedo, Gastón Pauls, Eduardo Blanco, Alan Sabbagh, Clemente Cancela, Alberto Rojas Apel, Laura Cymer y Laura Azcurra, entre otros. Guionista: Sebastián Rotstein, sobre un argumento de Sebastián De Caro y Sebastián Rotstein. Aeroplano. Argentina, 2013.

Comedia romántica para treintañeros en crisis existencial. Una mirada rápida de 20.000 besos (2013), primer largometraje de Sebastián De Caro, podría dejarnos esta definición incompleta en los labios o en la punta de los dedos. Incompleta, porque si bien estamos frente a una comedia romántica para treintañeros en crisis existencial, no se trata de treintañeros cualquiera sino de unos muy específicos. A los que podríamos definir como nerds o geeks, haciendo caso omiso de la carga anglo de los términos, porque uno de los grandes aciertos del filme es retratar (y potenciar) la argentinidad de estas criaturas con pies de barrio y cabeza global.


Pero (siempre hay un pero, no?), esta premisa preeminentemente generacional corre el riesgo de no captar la atención de cualquier espectador mayor de 40 años que viva por fuera del influjo gravitacional del animé, las series de TV, los dibujos animados, las películas norteamericanas bien ochentosas, el cómic y otras bizarrías varias que, reconvertidas en arte pop, marcan hoy gran parte del ritmo de los consumos culturales del grupo etareo al que se muestra y al que se apunta.


Vista desde “afuera”, la película de De Caro se vuelve poco creíble, los personajes se nos hacen reiterativos y la trama puede parecer tonta, inconsistente y alargada por demás. En cambio, vista desde “adentro” luce como un retrato coherente y de un realismo casi documental. La naturalidad con que se vive y se pertenece a este círculo áulico logra los mejores momentos del filme y sus diálogos más inteligentes. El argumento, en realidad, es una mínima excusa para montar los engranajes emotivos que sustentan este cerrado universo autoreferencial, donde el fin y el comienzo de las relaciones amorosas metaforizan la búsqueda de cierta realización personal y el reencuentro con los propios deseos, con los propios ideales que uno ha ido dejando en la banquina de los años.


Desde su descontracturada cotidianeidad, 20.000 besos termina siendo una oda informal al hijo privilegiado de nuestros tiempos: Ese adolescente tardío e inconforme con su vida, que se niega a crecer y busca refugio, espacios, tiempos, aire, contención y libertad en su grupo duro de amigos.
Y lo bien que hace.
Fernando Ariel García

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