lunes, 25 de marzo de 2013

LUGAR COMÚN: LA MUERTE

No me considero fanático del western, pero reconozco que lo miro con cierto afecto. Quizá porque mi viejo sí era un fanático; y cada vez que veo o leo algún cowboy vuelvo a conectarme con esos años de infancia en que oía las hazañas de John Wayne y algún otro que ahora se me escapa. De todas formas, a mí me gustaba (me gusta) mucho más el spaghetti western que el western yanqui. Y si me gusta más el spaghetti no es por Clint Eastwood (que hizo lo suyo) sino por Juan Dalfiume, que quemó mis retinas al clavarme la mirada glacialmente letal de Jackaroe, allá por los setentaytantos, desde los D’artagnan que compartíamos con mi viejo.



El trazo crudo de Dalfiume se me hace como dibujado a hachazos. Quizá porque la prepotencia gráfica de sus páginas siempre las separó, a empujones, del resto. Había algo en ellas (¿una fuerza a punto de implotar?) que me hablaba de un mundo interior de compleja riqueza. Subtextos, sustratos que me llevaban a caminar los arrabales del mito, de la mano de un sufrimiento injusto. Los silenciosos negros de Dalfiume gritan la opresión a los cuatro vientos. Denuncian la explotación, la expoliación sufrida siempre por las mismas caras, recargadas siempre sobre los mismos hombros, sobre los mismos hombres. Los vientos que soplan sus onomatopeyas secas nos siguen trayendo los ecos de aquellos abusos, reproducidos hasta el infinito, silenciados hasta que el hartazgo dice basta.



Fuera de los parámetros más industriales que articulaba la Editorial Columba (la de El Tony, D’artagnan, Fantasía e Intervalo), Dalfiume desarrolló una obra más personal, explícitamente comprometida con los desposeídos, para las páginas ochentosas de SuperHumor y Fierro. Nunca alcanzaron la notoriedad de Jackaroe, tal vez por no desarrollar ningún personaje recurrente; y espero que la recuperación por parte de La Duendes en este número especial, termine por colocarlas en el lugar de privilegio que, por propio derecho, deben detentar en la historia de la historieta argentina.



Siempre (o casi) se ha dicho que la gauchesca es nuestro equivalente a la potencia genérica del western. Y nunca tan cierta esa apreciación como cuando leemos, juntas y de corrido, estas historias de notorios bandidos rurales, anónimos hacedores de justicia, tangueros trasnochados por el abandono, linyeras y marginales perseguidos; entre la frontera de la mal llamada civilización y los arrabales de la ciudad que va escupiendo inmigrantes anarquistas de ideas libertarias, de la Patagonia del genocidio indígena a la revolución mexicana incapaz de aceptar el sarcasmo de uno de sus mejores cronistas.


Dalfiume no dibuja. Corta el papel porque su pluma es filosa como el bisturí que hace sangrar nuestra conciencia. Y de esa herida abierta, hace brotar las aguas del desprecio, el amor, el miedo, la suerte, la venganza y el ajusticiamiento. Con humor negro, con filosofía fantacientífica, deja documento gráfico de la violencia. O, mejor dicho, de las violencias, de las distintas máscaras que visten la Vida y la Historia en el momento en que se desvela el triunfo definitorio de su arcaica conspiración: La Muerte que no cesa.
Fernando Ariel García


La Duendes especial ¡Bairoletto! El bandido rural y otras historias. Guionistas: Juan Dalfiume y Otto Carlos Miller (Bairoletto). Dibujos: Juan Dalfiume. Portada: Juan Dalfiume. 86 páginas en blanco y negro. La Duendes. ISSN: 1851-0639. Argentina, enero de 2013.

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